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La importancia de lo intangible de la marca, el branding

3 febrero,2014
importancia de la marca
importancia de la marca

Hoy en día hablamos de la publicidad como algo que está naturalmente integrado en nuestra sociedad, aunque en realidad apenas tiene un siglo de existencia, y ya empieza a quedarse obsoleta.

En un principio, la publicidad se basaba en darse a conocer y con el tiempo en demostrar la eficacia del producto. Pero hoy en día esta burda intención no basta para dejar mella en el posible comprador.

Esta problemática se debe a múltiples factores que ahora no discutiremos, pero destacaremos dos: La saturación de marcas en el mercado y la postura escéptica del consumidor, que ya no se siente sorprendido, si no que sabe de sobras que es lo que van a contarle.

No fue hasta los años 90 que se empezó a pensar que la publicidad podría ofrecer algo más que la visión práctica del producto. Como dijo Cadet-Cathelat “lo que cierra importancia, tanto para el publicitario que busca en ello la eficacia como para el cliente que encuentra una satisfacción ficticia para sus necesidades, es el significado simbólico del producto, los valores que artificialmente se encuentran vinculados a él en una imagen coherente”.

Fue en ese momento cuando se descubrió la importancia de la marca, y es algo que se ha ido explotando en este famoso proceso llamado branding.

El branding trata de vender la propia marca, no sus productos, con una serie de valores abstractos. Es conseguir que la personalidad propia de la marca, que se diferencia del resto, sea percibida por el público de la manera que ellos decidan en las diferentes estampas y tomas de contacto con el exterior.

En definitiva, se trata de saber presentarse al público, quien es, que significa y representa, qué hace, como lo hace y por qué motivo lo hace.

Es un proceso constante y elaborado que no solo se refiere a lo visual, como el logotipo, el eslogan, la tipografía y los colores corporativos, sino también en causar emociones y despertar sentimientos.

Chanel nos vuelve sofisticados, Apple nos simplifica la vida, Coca cola nos da felicidad, Disney nos convierte en niños felices, Ikea en todos unos decoradores. Adiós producto, ¡hola experiencia!

Cuando la estrategia de branding está bien definida y digerida por los espectadores, se nos facilitan muchas cuestiones.

A nivel de organización, promueve la consolidación de los mensajes, de tal forma que resultan más comprensibles, eficaces y fáciles de recordar. En cuestiones de marketing, crea notoriedad y conciencia de marca, potencia la preferencia ante sus competidores y extiende la fidelidad. Incluso a nivel interno aumenta la motivación y la moral de los empleados.

El poder del branding no es algo que se haya de subestimar puede incluso en ocasiones ser tan óptimo que consiga implantar el nombre de la marca al producto. Como por ejemplo Aspirina, en el mundo de los analgésicos o Bimbo, en el pan de molde, incluso Tippex como líquido corrector.

Y no lo olvides, todas estas marcas triunfadoras fueron pequeñas algún día, pero apostaron por crear una imagen definida y coherente más allá del mero producto. Mercancía o emoción, producto o experiencia. ¿Con cuál te quedas?

Artículo de L. Moreno

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